Con 22 años le ofrecieron dirigir un centro deportivo en Zaragoza, con 25 personas a su cargo, donde aprendió todo lo relativo a gestionar una empresa.
Siempre activo, Rojas viajaba todos los veranos a Estados Unidos para ‘vivir’ las últimas tendencias en fitness. “Me llamó mucho la atención el crossfit. A diferencia de España, donde la actividad se identificaba con atletas y competidores, allí acudía al gimnasio ese competidor, pero también, y sobre todo, su madre, su padre y sus hermanos. Reflexioné que, si en lugar de dirigirnos a un perfil de alta competición, nos centrábamos en captar a un público más general, las cifras del negocio se dispararían”.
Después de dos años en Zaragoza, abandonó el proyecto, se marchó a Brasil un par de meses a descansar y regresó a Vigo a pasar unos días, antes de viajar a Canarias, donde había decidido terminar sus estudios de Derecho. Pero en su ciudad natal, se produjo el chispazo emprendedor. Hasta entonces, Rojas no se lo había planteado. “Fui a varios centros, no me gustó lo que había y pensé que se podía hacer mejor”. “Me acosté con esa idea, al día siguiente cogí una libreta y plasmé en ella lo que había hecho durante toda mi vida”. Aquí está el germen más primigenio de una cadena que en septiembre cumplió seis años, que se ha hecho un hueco propio en el muy competido mercado del fitness, con una proyección muy interesante y que en pandemia ha mostrado un comportamiento notable, con un crecimiento en ventas del 30% y en clientes del 51%.
